jueves, 11 de febrero de 2010

LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA A TRAVES DE ESTRATEGIAS CONSTRUCTIVISTAS QUE MOTIVAN EL DESARROLLO DE COMPETENCIAS

LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA A TRAVES DE ESTRATEGIAS CONSTRUCTIVISTAS QUE MOTIVAN EL DESARROLLO DE COMPETENCIAS

María del Socorro Flores Cerón

mcocofc@hotmail.com.

Resumen

A través del tiempo la enseñanza de la filosofía ha tenido diferentes enfoques, ya que desde la antigua Grecia era enseñada en forma oral valiéndose de la retórica, del dialogo, de la mayéutica; incitando a querer conocer y al preguntar constante.

Sin embargo la forma de enseñar la filosofía ha llevado a que sean pocos los realmente interesados en esta área de conocimiento, ya que la forma en que esta disciplina es impartida en las escuelas es variada y desinteresada, quizá uno de los motivos por el que esta área del conocimiento esté siendo suplida en los actuales programas de educación media superior.

Por la manera en que sea enseñada, la filosofía puede ayudar a los alumnos a desarrollar competencias como la reflexión, el análisis, la crítica, plantear y resolver problemas, el trabajo colaborativo, el compromiso ético. Por lo que actualmente deben implementarse diferentes maneras de interesar al alumno por la filosofía, proponiendo estrategias constructivistas, ya que el constructivismo es un enfoque teórico cuya finalidad es que el alumno edifique su propio conocimiento teniendo como guía al maestro.

Introducción

La siguiente ponencia es una propuesta que se desarrolla en la clase de filosofía, la cual es llevada a cabo mediante estrategias constructivistas.

La finalidad es dar a conocer la importancia de la enseñanza de la filosofía que ayuda a desarrollar competencias como la reflexión, el análisis, esto valiéndose de estrategias constructivistas que motivan el trabajo en equipo y la conservación de valores éticos.

Estableciendo un enlace interesante entre la filosofía y el filosofar como un proceso de aprendizaje y practicidad que un estudiante puede lograr con tal disciplina, además del desarrollo de competencias mismas que se requieren en el mundo globalizado y que pueden obtenerse a partir de la filosofía.

La enseñanza de la filosofía y el filosofar

La escuela y la familia son los espacios destinados a educar a los individuos, sin embargo al institucionalizarse la educación, cae en manos del Estado que la adapta a la situación social, política, económica que vive el país.

Entre las acciones de la enseñanza esta el facilitar que el alumno realice las tareas del aprendizaje, manifestándose una dependencia real entre el proceso enseñanza aprendizaje, de acuerdo al enfoque pedagógico desde el cual se aborde.

El enseñar, implica transmitir contenidos culturales, poner a disposición de las nuevas generaciones el saber acumulado por la sociedad y la cultura de toda la humanidad, en la práctica está centrada en el contenido teórico, el profesor comunica y el alumno recibe la información.

En otra perspectiva, el significado es más complejo porque enseñar es cuando se enseña a pensar, es orientar los procesos de construcción del conocimiento (Ojeda y Alcalá, 2004). La enseñanza, es un tipo de práctica que facilita la transformación del pensamiento, el comportamiento, las actitudes, los valores; todo esto coordinado por el docente respetuoso de los requerimientos individuales y grupales de los alumnos.

En un estudio realizado por la Organización de Estados Iberoamericanos (2007), la ausencia de una enseñanza que proporcione al alumno de competencias, en este caso filosóficas, como la crítica, los procesos de razonamiento o el conocimiento a fondo de las principales corrientes del pensamiento humano, hacen que la práctica de valores para la convivencia humana sea poco viable.

De esta manera, la filosofía, a nivel internacional, en países desarrollados, ha sido incluida en el currículo como una asignatura que puede ser elegida por los estudiantes que cursan el tercer grado de la enseñanza media y que piensan continuar estudios universitarios de tipo humanista. Y aunque la asignatura es enseñada en ese nivel, la importancia de la filosofía radica en su utilidad para el desarrollo del pensamiento, para la reflexión, el análisis, la critica.

La filosofía ha sido enseñada de manera tradicional, de forma oral y basada en hechos históricos. Sin embargo, habría que recordar que “la enseñanza es una actividad, un hacer, una practica” (Gvirtz, S. y Palamidessi, 1998:133) por lo que enseñar filosofía no es una tarea fácil ya que habría que distinguirla con el filosofar.

La importancia de la filosofía está en su utilidad, de acuerdo con Schlick (Langford, 1976:17) “la filosofía es una actividad, a través de la cual se revela o determina el significado de las afirmaciones. Por medio de las aseveraciones filosóficas se explican; por la ciencia, se verifican”.

La filosofía contribuye al análisis de lo que pasa en el mundo, es probar a través del lenguaje aquello que se expresa. Esta actividad reflexiva bien puede ser experimentada, a demás de ser practicada, pues no sólo se basa en argumentos teóricos sino también en la naturaleza, ya que es el lugar donde se origina el conocimiento.

Por lo que el filosofar es un ejercicio particular, que depende del propio individuo y por lo cual esta acción es cambiante en cuanto a la manera de pensar y al contexto en el que se encuentre el pensador. “El filosofar se define como un pensar que va hacia las condiciones últimas y las instancias incondicionadas y que… no puede apoyarse en supuestos previos, en principios ya establecidos y en formas y contenidos habituales de la reflexión” (Salazar, 1995:19). La actividad filosófica, que consiste en la reflexión, debe despertar la inquietud por saber, por conocer, por ir mas allá de lo que se percibe, requiere una formación critica, participativa, útil.

El filosofar lleva a tener un deseo por conocer, por ser participe en el mundo de las ideas y de los hombres, es no quedarse con lo dicho por otros sino es una búsqueda constante de respuestas. Sin embargo no sólo los filósofos se dedican a pensar, criticar, reflexionar, participar, cambiar su contexto, ya que todo ser humano puede desarrollar estas habilidades y capacidades.

La enseñanza de la filosofía torna un papel importante, cuando la UNESCO (2005) reconoció que “la enseñanza de la filosofía debe mantenerse, defenderse y ampliarse en todo el sistema educativo formal donde ya existe, implantarse donde aún no existe, y reponerse allí donde ha sido dejada de lado por diferentes razones, sean éstas de carácter utilitario, tecnocrático o economicista. Ahí donde la filosofía se imparte, debe ser nombrada explícitamente con la palabra “filosofía” y debe estudiarse en unidades académicas autónomas”.

La actividad filosófica consiste en verificar la validez de los razonamientos, en analizar atentamente los argumentos de los demás, permite a cada uno aprender a pensar por sí mismo. La inclusión de la filosofía en la educación, motiva a la responsabilidad cívica y social, a reforzar valores mismos que llevan a comprender y tolerar a los demás individuos. Por lo tanto el formar a los jóvenes en esta disciplina ayuda al desarrollo de estas competencias

En la Declaración de Paris a favor de la Filosofía (UNESCO, 2005), los congresistas han juzgado que el desarrollo de la reflexión filosófica, tanto en la enseñanza como en la vida cultural, contribuye de manera importante a la formación de ciudadanos al ejercitar su capacidad de juicio, elemento fundamental de toda democracia. De manera que la enseñanza de la filosofía es considerada importante en el sentido de que sirve de apoyo a las capacidades y habilidades que requieren desarrollar los jóvenes en la vida actual.

El uso de estrategias constructivistas y el desarrollo de competencias

El constructivismo es una teoría que se basa en el aprendizaje humano. Pues el conocimiento es construido a partir del propio sujeto, en base al que ya posee y que ha obtenido por la relación que establece con su medio. En este proceso de aprendizaje que se da en el sujeto es imprescindible mencionar el papel del maestro, pues a decir de Ovalle (2005) actúa como facilitador, motivador, que ayuda al que aprende a desarrollar sus habilidades de pensamiento, razonamiento y conocimiento, esto a través de preguntas que provocan la construcción de sus propio pensamiento y de su reflexión.

Debido a que el aprendizaje es un proceso que el alumno desarrolla para seleccionar, organizar y transformar la información que recibe, al concepto constructivismo se le organiza en tres ideas fundamentales: “ 1) El alumno es el responsable de su propio proceso de aprendizaje… 2) La actividad mental constructiva del alumno se aplica a contenidos que poseen ya un grado considerable de elaboración… 3) La función del docente es engarzar los procesos de construcción del alumno con el saber colectivo culturalmente organizado…”. (Díaz y Hernández, 2007:16,17)

La función del alumno es reproducir aquel conocimiento que ya tiene, que va aprendiendo y que va aplicando de acuerdo a la situación que vive y con quienes convive. Y en cuanto al papel del maestro, este debe guiar, orientar de manera intencional el ejercicio mental del sujeto.

El proponer estrategias constructivistas en la enseñanza, en cualquier nivel educativo, lleva a una participación más abierta del educando, pues se le da la libertad de utilizar todo el conocimiento que posee para dar repuesta a las diferentes situaciones de enseñanza, y aunque a primera vista podría pensarse que no tiene nada de constructivismo el planear, guiar el aprendizaje del alumno, debe tenerse en cuenta que el papel del docente no es proporcionar el conocimiento, sino dar elementos que motiven al educando a buscar y desarrollar por sí mismo el aprendizaje.

La concepción constructivista, asume un conjunto de proposiciones que están alrededor de la enseñanza como “un proceso conjunto, compartido, en el que el alumno, gracias a la ayuda que recibe de su profesor, puede mostrarse progresivamente competente y autónomo en la resolución de tareas, en el empleo de conceptos, en la puesta en practica de determinadas actitudes, y en numerosas cuestiones” (Coll, 2000:18). Por lo tanto, los alumnos aprenden y desarrollan habilidades y competencias en la medida que construyen significados en torno a los contenidos que se les planteen.

El uso de estrategias en la enseñanza ayuda a mejorar el proceso de aprendizaje, ya que esto permite delimitar entre lo que el alumno sabe y lo que se quiere que aprenda. Aunque debe colocarse constantemente a los alumnos en situaciones que les lleve a esforzarse por comprender y actuar por sí mismos, proporcionándoles apoyo y soportes que les permitan superar cualquier incidente.

Las estrategias tienen un carácter propositivo e intencional, ya que constan de un plan de acción, puesto que al aprender, el sujeto esta relacionado con el pensar, “y enseñar es ayudar al alumno a pensar, mejorando cada día las estrategias o habilidades de ese pensamiento” (Beltrán y Bueno, 1997). Para enseñar con estrategias, es preciso saber el grado de conocimiento que tiene el sujeto, para así saber que estrategias permiten el desarrollo de las habilidades y competencias que se desean en uno o más sujetos.

Los autores Díaz y Hernández (2007) señalan ciertos aspectos a considerar, para saber qué estrategias utilizar de acuerdo con lo que se pretende enseñar. Ejemplo de ello es considerar las características del alumno, el tipo de conocimientos que tiene, el propósito que se desea lograr y actividades cognitivas afectivas y pedagógicas que el alumno debe efectuar para conseguirlo, también debe verificarse y retroalimentar el proceso de enseñanza, así como determinar el conocimiento que en algún momento poseen los alumnos, considerar el tiempo adecuado para la enseñanza y adquisición del aprendizaje, tener un plan de manejo de estrategias de enseñanza por parte del docente, además de contar con un considerable número de estrategias, así como saber su función, aplicación y uso.

De esta manera el docente sabrá qué y cómo emplear estrategias de enseñanza que lleven al alumno a un aprendizaje significativo, teniendo en cuenta su contexto y sus relaciones intersubjetivas.

Por lo que las competencias que un alumnos de educación media superior estará adquiriendo con la enseñanza aprendizaje de la filosofía serán aquellas que lo hagan conciente y reflexivo de su situación de vida, que lo ayuden a ser capaz de buscar solución a los problemas que enfrenta, ser una persona crítica, participativa, competitiva, capaz de dar respuesta a las necesidades que marcan este mundo globalizado.

La incorporación del concepto de competencias en los programas de estudio de bachillerato lleva a un compromiso social, cultural, puesto que vuelve al docente una persona más perceptiva del medio y los educandos, ya que debe estar alerta de los cambios en el medio para saber qué insertar en su plan de trabajo, qué estrategias son útiles que le permitan al alumno desarrollar las habilidades, competencias y capacidades que le faciliten vivir en el mundo actual.

Conclusiones

Resulta interesante señalar que con las reformas a la educación, se destaca la adquisición de herramientas e implementación de habilidades que permitan un desarrollo integral, a pesar que en el ámbito educativo, laboral y profesional las oportunidades no son las mismas. Un egresado de bachillerato podrá desarrollar más competencias de acuerdo a sus necesidades y estos elementos le permitirán relacionarse y participar en el medio social, profesional y político durante su vida, por eso las competencias son consideradas clave, transversales, transferibles.

El enseñar filosofía con estrategias constructivistas hace de esta área de estudio una disciplina en la cual los alumnos se vuelven participativos, creativos, concientes, capaces de buscar formas de hacer frente a las problemáticas que se presenten, por lo que también el desarrollo de competencias se hace evidente.

Entre las tareas de la filosofía por lo tanto, esta el formar un educando con tales habilidades, competencias y capacidades, puede y debe contribuir a la comprensión y la orientación del quehacer humano; aprender a pensar con independencia, al ser capaz de formar su propio criterio con mayor responsabilidad, entendimiento y tolerancia.

Referencias bibliográficas

BELTRÁN, J. y Bueno, J. (1997) Psicología de la educación, México: alfaomega grupo editor, S.A. de C.V.

COLL, C. et. al. (2000) II El constructivismo en el aula, España: Editorial Graó.

DÍAZ, F., y Hernández, G. (2007) Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. Una interpretación constructivista, México: Mcgraw Hill

GVIRTZ, S. y Palamidessi (1998) M., El ABC de la tarea docente: currículo y enseñanza, Argentina: AIQUE

LANGFORD, G. (1976) Filosofía y educación, México: Publicaciones cultural S. A.

OJEDA, M. y Alcalá, M. (2004) La enseñanza en las aulas universitarias. Revista Iberoamericana de Educación, número 34, consultado el 4/10/2007 en http://www.rieoei.org/inv_edu35.htm

ORGANIZACIÓN de Estados Iberoamericanos, XVII Conferencia Iberoamericana de Educación Valparaíso, Declaración de Valparaíso, Chile, 23 de julio de 2007, consultado el 20/09/2007 en http://www.oei.es/xviicie.htm

OVALLE, M. (2005) “Constructivismo en la pedagogía del diseño industrial: ¿Qué aprenden los alumnos?” Revista de Estudios sociales, no. 21. CESO. Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, Bogota: Colombia, consultado el 19/11/2007, en http://www.cnep.org.mx/Informacion/teorica/metodologia.htm

SALAZAR, A. (1995) Didáctica de la filosofía, Lima: UNMSM, Facultad de letras y Ciencia Humanas, Fonda Editorial.

UNESCO, (2005) Declaración de Santiago de Chile a favor de la Filosofía, en la conmemoración del Día Mundial de la Filosofía, consultado el 21/11/2007 en F:\filosofi\DECLARACIÓN DE SANTIAGO DE CHILE.htm

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